JavaScript y su ecosistema: un tocahuevos con capas de abstracción
Source: Dev.to
Introducción
Vamos a hablar claro, sin proteger a nadie. JavaScript está tan sobrevalorado que hasta da risa, o pena, depende del día.
Problemas del ecosistema
El problema no es que JS sea malo, sino que es como ese amigo que no sabe decir “no” a nada:
- ¿Quieres hacer backend? “Sí, yo puedo”.
- ¿Frontend? “También”.
- ¿Apps móviles? “Claro, mira React Native”.
- ¿Machine learning? “Anda, TensorFlow.js, qué tontería”.
- ¿Un sistema operativo? “Ya mismo sale NodeOS, espera”.
Lo peor no es que lo intente, sino que la comunidad se lo cree y lo traga entero. Cada nueva herramienta que intenta resolver un problema que nunca debió existir recibe aplausos, y cuando alguien critica, la manada responde con frases como “no entiendes la reactividad”, “el ecosistema es maduro”, o “te vendo un curso de State Management, Mongo, microservicios, blockchain, NFT”.
La mayoría de las páginas web solo necesitan un poco de HTML, CSS y unas cuantas alertas, pero terminamos con un monstruo de mil cabezas. Cada vez que JS resuelve un problema, crea tres nuevos, que a su vez requieren tres frameworks distintos que desaparecerán el año que viene. Cuando aprendes uno, ya no sirve, y tu experiencia vale menos que un “Hola mundo” en PHP de 2005.
Este ciclo está diseñado para mantenerte enganchado: si el lenguaje fuera fácil y eficiente, ¿quién compraría los cursos? ¿Quién seguiría a los influencers? ¿Quién pagaría por el bootcamp de 8 semanas que promete convertirte en “arquitecto full‑stack cibernético”? Nadie.
Calidad y rendimiento
La calidad es el elefante en la habitación. ¿Cuándo fue la última vez que viste una aplicación JS que no consumiera 500 MB de RAM para mostrar una lista de tareas? ¿O una página que no tardara 3 segundos en cargar porque el bundle pesa más que la Biblia en piedra? El usuario está acostumbrado y ya no sabe lo que es la fluidez. Le ponemos un skeleton loader, un spinner bonito, y ya está. Mientras tanto, el CPU del móvil llora en silencio.
Los defensores de JS dirán: “pero lo usan Google, Facebook, Netflix”. Sí, claro, y también usan C++, Rust y equipos de mil personas para parchear lo que JS no puede hacer bien. Esa parte no la cuentan en los videos de YouTube, ¿verdad? No vende.
Realidades y alternativas
Yo ya no odio JavaScript; le tengo lástima. Es como un perro que ladra a su propia sombra, persiguiéndose la cola sin saber que el problema es él mismo. Si se lo dices, te muerde, o peor, te responde con una promesa, luego con un callback hell, y después con un polyfill para que funcione en Internet Explorer 11, que ya ni existe.
No hay alternativa real. Si trabajas en web, estás atrapado. Puedes usar TypeScript o WebAssembly para lo pesado, pero al final del día, JS está ahí, mirándote, esperando a que tu useEffect se ejecute una vez más de la cuenta, riéndose mientras tu app se renderiza tres veces sin motivo.
Conclusión
Seguimos programando con un lenguaje que nació en diez días, que no distingue entre enteros y decimales, y que dice que "1" + 1 es "11" y que "1" - 1 es 0. La coherencia es para débiles.
Algún día todo esto cambiará… o no. Mientras tanto, me voy a hacer un café… en JavaScript, porque ya hasta las cafeteras tienen su propia API.
Postdata (por si alguien se ofende)
Esto es humor negro, sí, pero humor. Si te dolió, probablemente eres parte del problema. Y si te reíste, bienvenido al club de los que saben que el emperador está desnudo, pero igual lo vestimos porque es lo que hay.